miércoles, 23 de junio de 2021

Ramón Contreras Fernández, el gran filósofo de Canaguá

 

Ramón Contreras Fernández,  nació en el caserío La Laguna, en la población de Canaguá Estado Mérida, el 5 de abril de 1914, hijo de Camilo Contreras y de Juana Fernández. Su padre además, de ser el primer maestro de la población, también fue poeta y agricultor, fue el primer paisano en organizar una biblioteca familiar dentro de un hogar con la mejor diversidad de libros,  luego de la muerte de Camilo, estos magníficos texto pasaron a las manos de su hijo Ramón y luego a sus hijos. Ramón Contreras se convirtió en un ser casi absoluto por los conocimientos obtenidos a través de su activa lectura y filosofía puesta de manifiesto día tras día y además, de ser un gran bibliófilo, lucía muy elegante con su paltó, su sombrero y su buena presentación personal con la compañía de su cajeta de chimó, a la que se le sumaba lo mejor de un anfitrión al momento de que le llegara cualquier visita. En conclusión “todo un personaje”, pero a través de la búsqueda del conocimiento y al hacerlo reflexión encontraba salida a los más difíciles laberintos con el saber, reconociendo la intersubjetividad como compromiso y referencia del conocimiento adquirido.

            Para describir a este gran filósofo local, en este momento tengo que viajar en el tiempo a través de mis recuerdos. Me crié casi a un kilómetro más arriba de su pequeña finca en el caserío Los Potreritos, de aquella localidad canagüera, casi todos los días mi madre me enviaba a su casa a llevar una vasija con leche de vaca y siempre me quedaba a jugar con los muchachos hijos de Ramón, eran como mis hermanos y muchas veces obtenía el préstamo de algunos libros de cuentos infantiles que tanto me fascinaban. El que más recuerdo “Cuentos de Tío Tigre y Tío Conejo”, siempre lo veía sentado con su activa y concentrada lectura bajo la sombra del conocimiento. Muchas veces llegaba Timoteo Molina, su vecino y se reunían a hablar de tantos temas que yo desconocía tal vez porque apenas estaba comenzando mi escolaridad. En otros casos cuando venían turistas cultos al pueblo esta casa era uno de sus destinos o paraderos para encontrar un buen tema de conversación oportuna y amena, con esas palabras cultas con una dicción pausada y adecuada entre exquisitos modales, una anécdota y algo nuevo para el saber. En esta visita observaba hasta intercambios de libros entre visitantes y el anfitrión, siempre escuchaba palabras salir de su boca como: prosapia, alienado, berzotas, chusco, emplatado, prosa, gramática, filosofía, álgebra, verbo, profecías, apocalipsis, El Armagedón, los fines del mundo, la mitología griega, la llegada del hombre a la luna, en si una diversidad de temas, estas palabras las entendí  años después al volverme también un lector activo, nombraba además, algunos personajes que hasta me daban risa esos nombres tan raros como un tal Hipócrates, Platón, Aristóteles, Aristófanes, Napoleón Bonaparte, Pitágoras, Albert Einstein, Shakespeare, Adolf Hitler entre otros, luego en el liceo recibí algunas clases en la que se estudiaba algunos de estos filósofos, pensadores y otros, también le escuchaba  mucho de los cuentos de espantos, aparecidos y de la escaramuza del forajido y bandido “Francisco Useche”, un asaltador que saqueaba al pueblo a principios del siglo XX, como también los comentarios de un personaje llamado Pedro Rímales, relacionado con los chistes y las parodias según investigue era de origen Colombiano. Cada vez que ocurría la visita de un cometa o la aparición de un eclipse lunar, este personaje lo explicaba con muy buenos puntos de vista científicos, por lo cual lo describo como un gran cultivador de las ideas en lo absoluto a través de la transcendencia derivada de su ambigüedad y el resplandor de muchas cosas y su significado, asumía  la actitud de un gran dialogante, tenía  la respuesta para cualquier pregunta. Lo comprendía en un mundo, y yo,  pues en otro mundo, sus palabras siempre adornadas con el mejor de los vocablos, no mencionaba groserías ni malas palabras, entre refranes y dichos breves populares mencionaba: hay un burro echado, el ignorante no sabe de su propia ignorancia, al muerto no le faltan velas, Dios bendiga a las auyamas y estiró la pata. Pero era la paciencia lo único que hacia marchar bien o mal todo eso, mientras que la ambigüedad le marcaba su condición desafiándolo y obligándolo al pensamiento, al hablar reflejaba lo que todo hombre de su tiempo vivía y pensaba,  pues este rol no le desmesuraba, la filosofía la extraía de sus libros y la manifestaba fuera de ellos para quienes le escuchaban, su herencia filosófica la pude percibir a través de las conversaciones amenas de su hijo Salvio Contreras. A parte de ser un hombre sabio se dedicaba a la botánica, practicante de la sanidad del entonces, partero, curaba la culebrilla, mal de ojo y el emponzoñamiento ofídico de las serpientes venenosas a través de rezos, plomero, albañil, agricultor y hasta inventor de un taladro artesanal para perforar metales, aplicaba técnicas de afilado para cuchillos y tijeras, muy devoto de las ánimas todos los días les rezaba un rosario con la respectiva novena.

            Hoy en día un gran lector y filósofo como este ya no existe en el pueblo, creo que la pérdida y el amor por la lectura para muchos no está a la altura de nuestro tiempo, pues es y será la lectura el único océano que nos  permite navegar en la búsqueda de la conciencia y el conocimiento y debo dar como testimonio que este personaje culto y filosófico fue el digno ejemplo de inspiración que tuve para sumergirme en el mundo de la lectura activa y la literatura a través de la poesía como arte, el leer diariamente nos inspira y nos da luces para escribir nuestra inspiración, pensamientos, vivencias, emociones, investigaciones y cualquier otro punto de vista, con la motivación de aquel viejo vecino puedo decir que “En aquella Canaguá aprendí de Ramón Contreras Fernández, que en la vida la lectura es uno de los oficios más importantes”. Fallec  en la ciudad de Ejido, Estado Mérida, a los 88 años de edad, el 12 de octubre de 2002, víctima del cáncer de laringe, a  seguir nos deja su ejemplo y al ponerlo en práctica seremos mejores sur merideños.   

Por Willian G.M

Del libro: “Crónicas bajo el sol de la medianoche”

 

 

 

La Apicultura en Canaguá

 

La apicultura es una actividad que se realiza dedicada a la crianza de las abejas y a sus cuidados necesarios con el objeto de obtener, consumir y enviar al mercado sus productos elaborados y recolectados,  en este caso, la miel la cual es un factor muy importante en la salud de los seres humanos. Este es un producto proveniente de las actividades de pecoreo que ejecutan estos insectos y se refiere a la polinización.

            Hace algunos años en Canaguá, Ricardo Newman Belandria, instaló la primera apicultura para la producción de miel de abejas por lo que también introdujo el floripondio, una especie de árbol procedente de Perú, para la producción de flores y así a lo largo de los años otras personas se han dedicado a este oficio… entre el peligro y lo exquisito.

            Actualmente en Canaguá, le corresponde a Ernesto Belandria Mora, llevar esta tarea de manera organizada desde hace trece años en apiarios con especies europeas y africanas, ubicados en el solar de su casa y en los caseríos  La Tendida y La Majumba.

            Este experto apicultor explica que inicialmente coloca a las abejas en un núcleo, luego se colocan en un cajón compuesto por 9 cuadros en el cual se encuentra la abeja reina y los óvulos o huevos, contenidos por el alza que puede ser una o dos según el tamaño de la colmena; también con 9 cuadros para las colmenas mieleras, una tapa superior para tapar el cajón, un piso donde se ubica la cámara de cría y una piquera en la puerta para la entrada y salida de las abejas.  La abeja reina es la que pone los huevos u óvulos por ser la única que fecunda, al nacer son alimentadas por las más antiguas, las abejas después de nacer tienen un periodo de vida de 80 días aproximadamente.  Las que buscan el néctar y polen son las más viejas, otras cuidan y vigilan, otras percolan los cuadros, todas conformando un verdadero equipo de trabajo dentro y fuera del apiario.

            Se utiliza como herramientas en estas actividades de la apicultura: un velo, braga, guantes, botas, cizalla y un ahumador y para extraer la miel de los cuadros mieleros se utiliza una centrifuga manual o eléctrica.

            Según frase del científico Albert Einstein “Si las abejas desaparecieran de la superficie del globo, al hombre sólo le quedarían cuatro años de vida, sin abejas, no hay polinización, ni hierba ni animales ni hombres”. También Jesús Manzano escribió: “si desaparece la biodiversidad de plantas y los polinizadores, a este modelo de civilización humana le quedarían pocos años. El ser humano sobreviviría pero se reduciría drásticamente su número y desaparecería el modelo de civilización actual que mantiene desconectado al consumidor del productor, forzando que todos los consumidores fueran a la vez productores primarios para sobrevivir”.

            Con fines ecológicos debemos proteger a las abejas, a sus especies como polinizadores, protejamos las plantas que le dan cobertura a este mágico proceso de la naturaleza, si no lo hacemos no habrá nada que llevarse hasta nuestras bocas,  si no esta civilización moderna algún día tocará su fin como especie humana. 

Por Willian G.M

Del libro: “Crónicas bajo el sol de la medianoche”

 

Historia del aseo urbano en Canaguá

 

A principio de la década de los años 60 en Canaguá, cuando ejercía el Dr. Manuel Figueroa como director del dispensario, ahora hospital I,  tuvo la iniciativa de que el pueblo contara con su servicio de aseo urbano y le hace la sugerencia  y recomendación a Elías Flores, quien se desempeñaba como presidente de la Junta Comunal, con el fin de prestar el servicio de recolección y transporte de residuos sólidos urbanos. El presidente de dicha Institución Comunal designa a Antonio Ramírez García para tal y digno oficio y este a su vez desempeñaba la función con dos ayudantes su hijo Melanio Ramírez Mora y su sobrino Ramón Mora. El carpintero Braulio Durán diseñó una carreta con estructura y ruedas de madera con un fondo rectangular recubierto por una lámina de aluminio para darle mayor protección a la misma ante el derrame o el enjuague de estos desperdicios. Era remolcada por la burra “Cisne” un animal procedente de la población de Mucutuy por lo que además, le decían “La Mucutuyera”. Más tarde se reemplazaron las ruedas de la carreta por neumáticos de automóvil e igualmente la burra por otros burros con, el transcurrir del tiempo en esta tarea, empezaban a limpiar la localidad a las 8 de la mañana y ya en horas del mediodía la misión era cumplida. La mensualidad de este servicio tenía un valor de 5 bolívares por cada casa o familia.

            El vertedero o botadero de la basura se estableció en la a orillas de la confluencia entre las quebradas “El Rincón” y “El Salado”, en este afluente donde se echaba la basura sólo había en abundancia plantas de tártago, la basura que comúnmente salían de las casas era más que todo cáscaras o conchas de las verduras y frutas, costales viejos, restos de pieles o cueros, latas, chingaleas y esteras viejas por lo que se convertían en materia orgánica en el suelo. El plástico no era muy frecuente, al igual que las bolsas plásticas y los que son provenientes de uso agrícola como herbicidas, insecticidas, fungicidas y otros de estas mismas características que son los que con mayor frecuencia contaminan la naturaleza y el ambiente. Entre los restos de basura provenientes de las cocinas o fogones de las casas venían semillas de chayota, auyama, pepino, zapallo y otros,  que luego al germinar estas plantas se extendían entre los tartagales y al estar cosechadas, muchas personas buscaban allí estos frutos. En esta labor de mantener la población limpia Antonio Ramírez García y sus ayudantes permanecieron 15 años con feroz empeño sin recibir arreglo, jubilación o pensión alguna por el Estado y en el año 1977 José Amadeo Mora y su hermano Ramón Mora son nombrados como los nuevos encargados del aseo y en la primera década de los años 80s del siglo pasado, durante el gobierno del Dr. Luis Herrera Campins, el Concejo Municipal adquiere un vehículo tipo volteo para el traslado de los desperdicios y los nuevos obreros contratados para el oficio, el barrido de las calles del pueblo y otras áreas públicas recibiendo un salario por el Estado. Actualmente es poco común en Venezuela ver la realización de esta actividad, en la cual se puede observar a un camión recogiendo la basura y los obreros realizando los barridos de las calles de una localidad.

            Tiempo después se escogió como vertedero o relleno para la basura en el páramo “El Motor” sin haberse realizado una inspección técnica y sanitaria para tal fin en pleno corazón de la naturaleza y del medio ambiente, ya que estos rellenos destinados para la disposición final de la basura deben tener una multitud de medidas para reducir los problemas generados por la contaminación ocasionada por la basura. Estas medidas deben ser el estudio detallado del impacto ambiental, económico y social desde una planificación acertada determinando el lugar para el vertedero y la vigilancia técnico-sanitaria durante la vida del mismo. Para la construcción de este relleno sanitario debió ser importante la selección de un lugar específico que reúna las situaciones correctas en cuanto a la topografía, el nivel de las aguas subterráneas, disposición del material para cubrir la basura con el trabajo de algunas máquinas, a medida que se va colocando la basura estas deben ir compactando la basura con capas de tierra con ciertas medidas de grosor, con respiraderos para los gases que se liberan por la putrefacción, posteriormente controles de olores y sobre estas compactaciones de basura otros niveles de tierra y así sucesivamente hasta que al final del tiempo de vida del relleno sanitario se dé por saturado, con estos métodos de ingeniería se le da más protección a la naturaleza y previniendo los efectos adversos que genera nuestro medio ambiente, así se evita la lixiviación de estos residuos sólidos hacia las quebradas y el río de Canaguá. Estas técnicas de relleno para la basura tienen que generar en la población un gran avance de gestión ambiental, es recomendable actualmente en la zona tomar medidas para evitar una potencial amenaza en materia ambiental y de la salud humana.

Por Willian G.M

Del libro: “Crónicas bajo el sol de la medianoche”

 

 

¿Dónde queda Canaguá?

 

           _Si hoy me preguntaran: ¿dónde queda Canaguá? yo con el más grande de los orgullos respondiera: Canaguá queda en la sucursal del cielo, pues Dios en su pincel así lo pudo demostrar, queda en la calidad y aroma del café, en el  rocío cubierto de abrigo, en el trago cerrero de su miche callejonero, en las flores silvestres, en la neblina con sus brazos callados y yertos, en la espuma espesa y eterna del agua cristalina de su río cuando camina al Capáro. Queda en el viento errabundo meciendo las espigas en los cultivos y luego sollozo dando alaridos mientras se quiebra como el cristal por encima de las montañas hacia horizontes infinitos.

            También queda en las letras de sus escritores y poetas, en el pincel de sus pintores, en la voz de sus cantores, en las melodías de sus músicos, en el legado y memoria que nos  dejaron  nuestros antepasados  y en las manos prodigiosas de sus actuales talentos: el Dr. René Sotelo genio de la cirugía robótica a nivel mundial, en las manos de Jesús Quintero Mora y su anzuelo de pescar, en las cicatrices por las esquirlas de granada en la espalda de Leónidas Mora nuestro soldado de honor,  queda en los volantes de Pepe Escalona y Rafael Rivas Molina, en las conferencias y oratoria de Miguel Zambrano, en el futbol de Liberio Hernán Mora, en la bicicleta de Juan Belandria Marquina, en las narraciones deportivas de Luciano Mora y William Belandria Rivas, en los chistes de Miliber Mancilla y sus significados, en la beca “Bill Gates” de Laura Vera Contreras en la Universidad de Yale en los Estados Unidos de América, en la esgrima de Shia Rodríguez representándonos en varios sitios de la Tierra, queda en el recuerdo y huellas dejadas por Eustorgio Rivas en sus picos y palas junto a sus héroes sin nombre, en las manos de otros talentos de gente emprendedora y exitosa que no recuerdo para mencionar. Canaguá queda dentro y fuera de las fronteras de Venezuela, en la mente de los turistas que vienen y en su corazón se la llevan lejos y queda hasta en la descendencia de la yegua de Natalio y el burro de Melitón, para no exagerar.

            Por siempre queda Canaguá, en los latidos de mi corazón haciendo estremecer mi tórax y con la mayor fortuna queda además en la mirada de Dios bendecida, cuando desciende de los cielos, bajo las estrellas, el sol y su luna prístina.

Por Willian G.M

Del libro: “Crónicas bajo el sol de la medianoche”.

Hospitales de Venezuela… la última travesía:

 

Quiero expresar mi respeto, admiración, consideración y a la vez rendir honor a los médicos y la enfermería de mi Patria, por su vocación, sus talentos prodigiosos y esas manos a la obra para ayudar en unos centros hospitalarios en los cuales no hay insumos, medicamentos, recursos, equipos operativos, ambulancias y otra infinidad de carencias, en la que se dirigen políticas de la ineficiencia procedentes de gobernantes convertidos en verdaderos ceros sociales,  inútiles de un estado, que transforman estos lugares en dolor, abandono y desesperación, además, entre estas paredes y techos reposa el lecho de las aflicciones en el desuello de la vida, con instalaciones repugnantes sinónimo de lo hediondo, con los olores a la mierda del diablo, allí reinan las míseras bacterias y gérmenes repartiendo a sus mártires la muerte, quienes caen en estas camas son víctimas de las escoriaciones de su alma en la intimidad de una agonía corta o larga según sea la desgracia de su suerte, simplemente yacen como sombras envueltas en penumbras, tanto el paciente como su acompañante difunden una apariencia lívida característica de verdaderos zombis, el familiar va dejando sus  huellas entre farmacias, laboratorios y la mengua.

            En estos hospitales las esperas vegetan entre la suerte y la desdicha que los degeneran, visitar estos sitios es algo que no soporto pues vivo poseído por sentimientos sensibles y me llevo una simple impresión de un infierno en medio de lo desconocido; ante mi impotencia dejo mis miradas torturadas y retorcidas por la crueldad, quizás, tal vez, la cura más segura que allí se encuentre son políticas trasnochadas y fracasadas en materia de salud, al no servir se convierten en genocidas asaltando a los pacientes y enrumbándolos a pronósticos lapidarios y trágicos en la pesadilla de nuestros peores momentos. Creo que estos centros de salud son algo fútil para quienes nos gobiernan, favoreciendo a los gestores de las funerarias y laboratorios buscando su mercancía  extendida en camillas y camas, los héroes que de allí logran egresar reflejan cicatrices bajo la apatía de sus débiles miradas por vencer sus enfermedades en esos túneles de las más oscuras tinieblas, sus mentes quedan agrietadas por los ecos del terror en aquellas paredes del hábitat de la muerte.

            Ahora transcribo una historia que una paisana me relató en referencia a una situación que los  condujo a enfrentarse con múltiples dificultades, unas con mayor intensidad que otras y que siempre dejan huellas causando mucho dolor, pues vivimos en una sociedad en la que se supone que deberíamos tener la seguridad a la hora de enfrentarnos como ciudadanos a un problema y al acudir a cualquier institución, no obtenemos la tan anhelada solución para lo que nos aqueja, hoy en Venezuela no podemos ni siquiera imaginar que las cosas se solucionan tan fácil, y acá comienza su historia:  me hizo su relato con mucho respeto referente a su familiar que hoy ya no está con ellos por situaciones que se agravan y que nos hacen sentir atrapados en nuestro país, la salud es una de las más importantes que cuando nos afecta o afecta a algún ser querido nos lleva a sentir miedo, impotencia y desconfianza. Quien me comenta esta travesía además, trabajó durante 30 años en el sector salud, 21 de los cuales se desempeñó  en uno de los mejores hospitales del país, el HULA de Mérida, Venezuela, hospital donde se han formado excelentes profesionales, que hoy día andan dispersos por diferentes lugares del mundo, pudo decirme con propiedad que lo que hoy se vive en Venezuela nunca antes se vivió y lo que enfrentaron cuando su querido padre enfermó,  fue una realidad fuerte y triste, finales de enero del 2018, su padre comenzó con un intenso dolor de cabeza, lo llevaron al centro asistencial de su pueblo donde fue valorado por el médico de guardia quien decidió referirlo a una institución hospitalaria de la ciudad para realizarle estudios, exámenes y valoración por especialistas, esperando que sería la mejor opción, fue ingresado a dicha institución, atendido por el poco personal de salud que quedaba en esas áreas, sumado a esto ellos trabajan sin contar con insumos, por la gravedad del caso ameritó intubación, exámenes, tratamientos, estudios, todo absolutamente fue sufragado por los familiares, los estudios tenían que ser realizados fuera del hospital al igual que los exámenes de laboratorio, el área de emergencia estaba colapsada, falta de camas, camillas, sillas de ruedas, no había lencería, insumos de limpieza, entre tantas fallas que existen y que son prioridad para salvar vidas.


            Cuando pasamos por esto con un familiar todo pasa tan rápido, en el momento de tratar de salvar la vida a tu paciente los médicos y el equipo de salud hacen lo mejor que pueden, con los escasos recursos y posibilidades que tienen a su alcance, al transcurrir las horas vas observando con terror, con la mirada incrédula y atónita lo que alrededor se va desarrollando, el médico te da un récipe con el tratamiento que amerita el paciente y un sin fin de opciones de nombres de medicamentos por si logras encontrar alguno, también va acompañado por órdenes de diferentes exámenes y estudios, si tienes posibilidades económicas, vehículo y corres con la suerte de encontrar gasolina, podrás recorrer farmacias e instituciones privadas para adquirir medicamentos y realizar los exámenes y estudios, pero esto no funciona porque aunque cuentes con los recursos, te puedes encontrar en un laberinto sin salida, ya que la realidad es que no hay el medicamento, ni los reactivos esenciales para salvar la vida de tu familiar. Mientras luchas contra la inflación y la escasez de medicamentos tu familiar se deteriora cada vez más, en un área de hacinamiento y contaminación, con sus años de servicio y experiencia en el área de la salud recordó que trabajaba en ese mismo hospital donde su padre luchó por vivir en compañía de más de 20 pacientes con diferentes patologías compartiendo la misma aérea, las cuales carecen de higiene y salubridad, ante esa situación tuvieron que llevar la mopa de limpiar el piso, el detergente y desinfectante (insumos de limpieza que no son los apropiados para la limpiar y esterilizar áreas tan delicada como estas). Su familiar al igual que la mayoría de pacientes, ameritaban ser aspirados se contaba con un solo aspirador, con el cual se atendían a todos los pacientes, portadores de diferentes patologías, e infecciones, dicho aspirador sólo le cambian la sonda de aspirar para cada paciente, pero las conexiones y el envase donde caen las secreciones es el mismo para todos los mártires, sumado a esto, quienes deben lavar estos equipos no cuentan con productos que garanticen la esterilización y eliminación de bacterias, ni siquiera tienen guantes, son los familiares quienes llevan todos los insumos, debido a estas insuficiencias, cuando un paciente es intubado en ese mismo momento se contamina, en esa área sólo contaban con dos laringoscopios para la gran cantidad de usuarios y sin poder esterilizarlos.

            Su familiar logró superar la patología por la cual fue ingresado, pero sin imaginar que apenas comenzaba “la última travesía”, su cuadro respiratorio empeoró, producto de una infección intra hospitalaria (adquirida dentro del hospital, ya que la contaminación es desorbitante), los médicos comenzaron a indicarle antibiótico, pero no lograba controlar la infección, los cultivos salían patológicos, los médicos decían en Venezuela, no existe el medicamento que pueda ayudar a su familiar, luego los mismos pidieron autorización  para realizarle una traqueotomía, comprando todo lo que se necesitaba para dicho procedimiento, el cuadro no era nada alentador, mientras todo esto sucedía podían sentir  que de esta área el paciente, que ingresaba difícilmente salía con vida, sólo veían pasar sabanas cubriendo los cuerpos sin alma con destino a la morgue, los familiares  lloraban las irremediables pérdidas, con el dolor de saber que esas muertes eran adelantadas por la falta de insumos y la contaminación.

            Así transcurrieron varios días, hacían turnos para cuidar a su familiar, debían ayudar en lo mínimo para brindarle una atención de calidad, el recinto no contaba con suficiente personal para atender al paciente, un equipo de su familia se encargaba de buscar cualquier medicamento o llevar muestras a los laboratorios privados y otro equipo de preparar los alimentos para el paciente, para quienes permanecían en el hospital, como también llevar  todo lo relacionado con lencería.

            No sólo vivieron la situación de su familiar, también vivieron el dolor de quienes compartían las mismas áreas hospitalarias, el sufrimiento, la desesperación y la impotencia de no encontrar lo básico para lograr la mejoría de los pacientes, todo eso ocurrió no por culpa del personal sino por las limitaciones que allí se viven. Sumado a lo anterior la dieta que requería el paciente debería ser balanceada, que cuente con todos los requerimientos necesarios en nutrientes, pues las bandejas lucían una naranja y una porción de arroz blanco.

            Se llenarían las páginas extensas de muchos libros para tratar de plasmar la  travesía diaria en un hospital venezolano, donde se supone se debe encontrar el alivio, la mejoría y el bienestar y hoy sucede todo lo contrario, allí se encuentra la muerte prematura, se tropiezan las herramientas que agravan el cuadro clínico del paciente y se le suman otras infecciones y complicaciones producto de la carencia, deterioro y crisis que envuelven a estos recintos de sanación.

            Luego de intentos fallidos por salvar a su familiar se tomó la decisión de llevarlo a una clínica, recuerdan que el especialista de guardia  se hizo la señal de la cruz y les dijo: su familiar está contaminado, ojala y se salve, por lo menos en la clínica le brindaran calidad para sobrellevar la enfermedad. Fue ingresado por varios días, no se veía mejoría, hubo que tomar otra decisión de trasladarlo a su casa de residencia, regresó plenamente contaminado, pues  lo único que consiguió gratis en el hospital fue las bacterias que lo mataron, lo demás lo compraron y bien caro producto de un sistema político cuyas preocupaciones y prioridades son totalmente antagónicas a las realidades que les correspondió enfrentar.

            Hoy, todos los venezolanos tenemos una historia de tristeza que contar, tal vez con mayor o menor dolor que esta, mientras el gobierno se jacta de los avances de la revolución que nada tienen que ver con el desarrollo de un país.

Por Willian G.M

Del libro: “Crónicas bajo el sol de la medianoche”

 

Calvarios de Hiel


          Después de programar mi mente por las noches para obtener un mágico amanecer, me levanto muy temprano por las mañanas como un veloz cometa cargado de energía, más una voluntad agregada. Apenas veo la claridad del día en la calle empiezo a ver las veredas en los calvarios de la más amarga hiel por donde debo avanzar al igual que la gran mayoría de los venezolanos de acuerdo a nuestra cotidianidad y que por fortuna y bendición somos  los de verdad, los que sentimos y padecemos de todas las más crueles inclemencias, angustias y dolor, en la cual los pasos nos quedan perdidos como si nuestras pisadas fuesen sobre panelas del sucio hielo, esto nos  envuelve en ese deprimente caos en el que convivimos y resistimos, pero al enfrentar estas situaciones parecen casi interminables e invencibles, les aseguro que vivimos momentos trágicos de necesidad, arrodillados ante la mengua, la miseria y ante una imponente desgracia o desdicha, a cada rato me reclamo dónde están esas riquezas de las que somos dueños porque casi no nos llegan, se adueña de nuestras mentes y almas  el recurrente éxito de la frustración, dando como resultados algunas enfermedades o patologías, no contamos ni con los recursos para un viaje recreativo ni para cualquier otra actividad de esparcimiento, porque aunque estemos jodidos siempre hay que buscar la manera de estar contentos, pues no se cuenta ni con eso, tal vez sea o desgraciadamente nos merezcamos esto.

         Por eso escribo este texto construyendo palabras que salen expulsadas de mi conciencia por imágenes capturadas en el reflejo de mi vista en las cosas que a diario veo, con la vibración de mi pluma procedente de una apreciación que me llega del alma, como un simple y vulgar sufriente, olvidado y excluido. Es una situación casi imposible de narrar por la diversidad de desgracias que pululan por doquier y bajo su libre albedrío, en una Venezuela con tanta riqueza pero que se abunda de una infinidad de gente pobre y adelgazada en que la piel se convirtió en un pedazo de cuero lívido que envuelve 206 huesos de un esqueleto descalcificado indicando que nos rendimos y decidimos  “dejar de vivir”, ¿y con qué ganas y fuerzas se va a querer vivir? Será con la de mendigos o moribundos. En estos escenarios ni la sal ya sala el caldo de los pobres. Aquí sólo hay un ambiente en la cual enloquecen nuestras vidas miserables sobre el techo y paredes de los abundantes escenarios de la escasez de alimentos, medicamentos, insumos, falta de repuestos y otros artículos de primera necesidad, la falta de producción nos envía al mercado negro de la especulación, nos acorrala la inseguridad, la impunidad, la corrupción, la censura, el miedo, los sobornos, la hiperinflación, los pagos de comisión en las instituciones para poder acceder a nuestros derechos o beneficios, la ausencia de nuestros servicios básicos esenciales para la vida y los pocos que llegan es con racionamiento, pues casi todo el tiempo no tenemos derecho ni al agua, la falla de la energía eléctrica que a la vez daña nuestros equipos eléctricos con sus apagones y de paso no se consiguen muy fácil sus repuestos, la falla de la tecnología la cual no nos permite hacer una compra adecuada en un punto de venta o hacer una transferencia, largas colas para todo, hasta para censarse ante cualquier  beneficio y otros censos discriminatorios, cuando vamos a algunas instituciones  nos reciben con esas caras de ogros diciéndonos: “no hay sistema” venga la otra semana y así sucesivamente nos pelotean por meses, la diáspora de nuestra familia, amigos o semejantes en busca de un mejor destino, ya ni en un transporte digno nos montamos pues los más comunes son la “ruta cola” la “ruta de los chivos” y si no la más segura y lenta la “ruta 2, la de a pie”,  haciendo ver procesiones a orillas de calles y carreteras, los frecuentes cierres de vías manifestando y exigiendo algunos servicios indispensables y violando el derecho al libre transitar de otros, la discriminación por pensar distinto, la compra del efectivo para poder movernos a porcentajes descabellados no escapa de nuestras manos, pues la necesidad tiene cara de perro, además, el desempleo, el martillo parejo de los organismos de seguridad, la madre que se desconsuela por no tener el modo de darle la leche a sus hijos y otras que no tiene ni el desayuno, los útiles escolares, los zapaticos y el pasaje  para enviar sus hijos al colegio, los que tienen varios niños lo poco que consiguen sólo queda alojado en los huecos de esas muelitas cariadas, la desnutrición de nuestros niños y abuelos, nuestros hermanos saciando el hambre en montañas de basura en compañía de las sucias y epidémicas moscas como a diario los veo, la indigencia por las calles con libertad de edades, la pesadilla de nuestros campesinos de no poder llevar los alimentos a nuestras mesas por las carencias de recursos e insumos agrícolas más el matraqueo que estos sufren por las vías cuando los trasladan  a sus destinos, difuntos que los llevan en escaparates al cementerio como si a descansar en paz tampoco se tiene el derecho. La situación de la salud no proporciona ni una inyectadora en los hospitales o ambulatorios, se encuentran dañados los equipos, presencia de mal olor, contaminación por bacterias y gérmenes, los pacientes se trasladan en el asiento trasero de un taxi acostaditos porque ni una ambulancia nos merecemos, para nuestras enfermedades no conseguimos los remedios y padecer una enfermedad detrás de las puertas de una emergencia es un estado de terror y pánico, de verdad no lo recomiendo, pues ya que he visto y vivido muy de cerca este tipo de inclementes sufrimientos. Ya nada bonito atrae nuestra vista pues las calles y vialidad están inundadas de basura, huecos, charcos, pudrición y contaminación afectando el ambiente, donde también le sumaria la invasión de tanta propaganda política en las paredes y otros ambientes, entre tantas cosas. Nadie aplica la caridad, el cobijo y hospitalidad sólo nos miramos con ojos de vidrios partidos, pues nos encontramos buscando aplicar el arte de la sobrevivencia a través de cualquier creación, convirtiéndonos en transportadores de hostilidad, irritabilidad, mal humor, mal carácter y odio, nuestras necesidades sobrepasan la dignidad como individuos por consecuencias decadentes en una Patria desvalida, en la cual hasta el más ciego de los ciegos lleva los ojos llenos de suspenso lagrimeando gotas de dolor y tristeza en sus imposibles miradas. Estos flagelos que trazan mi tierra se resumen “en una carencia mísera para acceder a nuestros servicios esenciales para el sustento de las necesidades diarias de nuestras vidas, en la que, en cada amanecer nos alumbra la perdida y el desmejoramiento de nuestras existencias”.

            De verdad en Venezuela, no se nos puede ir la vida resolviendo  en carne viva tantos problemas día a día. No es justo, es nuestro deber y derecho vivirla a plenitud como seres humanos pues vinimos a ser felices, estábamos acostumbrados a la libertad y un pequeño manifiesto de felicidad suena sospechoso, la sobrevivencia es entre batallas cotidianas en la cual el tiempo no se detiene en los relojes sino en el mismo tiempo. Lo  increíble de esta vivencia de conmoción y llanto es que más tarde será la historia y la sociología que leerán y estudiaran nuestras futuras generaciones en referencia a estas dolorosas torturas convertidas en calvarios de hiel que no se parecen a otra  palabra que no sea la del “sufrimiento” y que Dios nos conceda pronto una bendición envuelta trayendo consigo una salida y que mientras tanto nos mantenga unidos y en familia, pues entre todos nos ayudaremos, mientras tanto, tú, como yo, en medio de tanta desgracia e impotencia sigamos luchando y haciendo lo mejor para que volvamos a nacer, crecer, estudiar, trabajar y ser felices en una nueva Venezuela.

Por Willian G.M

Del libro: “Crónicas bajo el sol de la medianoche”

 

  

Despidiendo a la diáspora con tragos agrios de ajenjo


           Actualmente en Venezuela, no se puede triunfar o ganar, lo sé, lo entiendo, por eso al escribir estas sencillas letras se me vuelven tan dóciles como las uvas a la vez, hago referencia a esas despedidas que a diario hacemos a la diáspora en la que están envueltos nuestros familiares, amigos y semejantes, sólo sentimos tragos agrios de ajenjo que no pasan en nuestro pecho, que aprisionan nuestras almas e inundan la maquina más perfecta... nuestros ojos, desmoronando a la vez miles de corazones como si fuesen terrones de azúcar, quisiera describirlo como una desdicha pues en este momento me siento repentinamente desgraciado, de verdad no sé cómo expresarlo, porque lo sufres tú, lo sufre Dios y lo sufro yo, aunque nos cueste entender es el futuro que los llama, quienes nos quedamos en el país lo hacemos del lado de una oscuridad que nos absorbe y nos traga en los más recónditos torbellinos de nuestro sufrimiento, son héroes porque se van y los que nos quedamos mártires porque nos dejan, antes del punto de partida de la tierra muerta han vencido obstáculos y adversidades  para obtener un pasaporte o para apostillar sus documentos de identidad y profesionales. Son éxodos de conmoción y pánico niños, adultos y hasta ancianos, por aire, por agua, por tierra, y otros convertidos en desplazados en las trochas de las fronteras, huyendo del látigo de las calamidades, la miseria, la desgracia y la mengua, de no estar muertos nuestros difuntos también migrarían exigiendo un digno entierro, otros hasta con hazañas inmortales pues una familia de Maracaibo partió en un carrito Spark y llegaron a la Argentina aquella, convirtiendo a la travesía en un viaje, también se unieron los de las hazañas de los pedales jóvenes que llegaron al Perú en bicicleta, durmiendo por las noches a orillas de las carreteras y cobijados por la luna y las estrellas de Sudamérica, todos rumbo al destierro como hojas llevadas con el viento por encima de las cosechas, sus esperanzas van envueltas en todo aquello que rueda, que vuela, que navega, que da vueltas, por kilómetros, nudos o leguas, y sobre todo en todo aquello que los lleva.

            Se llevan el talento en sus manos cumpliendo el mandato de Dios “con el sudor de tu rostro te mantendrás”, las esperanzas guardadas en una maleta, los sueños en el pasaporte como a una flor para que frescos se mantengan y a todos nosotros en las fotografías y en los recuerdos de las cosas más bellas, extranjeros no se sientan pues el pueblo de Dios fue extranjero en Egipto en aquellas tierras sedientas, sólo el hombre es dueño de los límites y no de las fronteras, por allá vivirán el dolor trágico del destierro y aquí nosotros el macabro yugo de la nostalgia y el recuerdo, salieron de la tierra de las odiseas, sus manos laboriosas se convertirán en las alas que traerán a muchas familias el sustento, a los abuelos la medicina y a muchos niños el alimento, sé que esas serán sus ilusiones mantenernos sanos, alimentados y salvos, estoy casi seguro que por allá si consiguen recompensa por sus talentos, se mantendrán  florecidos como el araguaney, lucidos como la orquídea y coloridos como el turpial, lleven en alto  nuestra bandera, nuestro himno, nuestra pasión, nuestra alma llanera y por encima de todo el alma, el aroma y la fragancia de nuestra tierra, porque aunque parezca desahuciada algún día de nuevo será guerrera.

            Estos brazos quedan abiertos como  alas extendidas para el  día en que  regresen se cierren al acogerlos, le pido a la vida que no sea tan larga la espera, que la tristeza que corre no oxide la esperanza pero sobre en lo esencial la mantenga, ni se convierta en sortijas ensartadas en nuestros bastones porque en aquella vejez esa será la más terribles de las condenas, antes que la bienvenida aparezca áspero se sentirá el viento, gruesos y amargos serán nuestros labios, la sonrisa quedará sellada con un teipe negro, el tiempo de Dios es perfecto para quien tenga paciencia, pronto terminará la tragedia, luego se abrirán las puertas  encendiendo una nueva luz para que vivamos una vida digna, en familia y completa, de verdad los espero por si de casualidad antes yo muero, cuando esa bienvenida sea una bendición que no haya temores para gozar de paz y tranquilidad, en la cual podamos sonreír como antes superando el sufrimiento al que ha sido sometido nuestro hermoso pueblo y a la salida de este oscuro túnel, esa nueva luz de esperanza nos dirá: “esto no fue más que el peor de nuestros recuerdos”.

Por Willian G.M

Del libro: “Crónicas bajo el sol de la medianoche”