Es muy probable que los primeros caminos en el sur merideño o en aquel
valle de los Aricaguas denominado desde el punto de vista aborigen hayan sido
construidos por la huella y el talón de nuestros indígenas, sin el empleo de
herramientas para tal fin, a lo largo y ancho de este mencionado valle, por haber sido grandes caminantes en la región.
Fue para el surgimiento de los primeros hombres progresistas de
Canaguá que se empiezan a tallar los caminos a pico y pala en las montañas y en
este caso apareció el padre y precursor de estas vías el coronel Eugenio Mora
Molina, hombre impertérrito y de grandes avances nacido aquí mismo el 10 de
agosto de 1872, hijo de Don Modesto Mora y de Doña Ramona Molina,
convirtiéndose en el hombre que tramontó las serranías para tallarlas de
caminos, dotado de poderes dictatoriales por ser el representante en la
localidad de la dictadura del Gral. Juan Vicente Gómez.
Este personaje construyó un camino a pico y pala para conectar a
Canaguá con Santa Cruz de Mora para efecto de establecer lazos comerciales y
otros intercambios, también la ruta del viajero a llegar al final de ese camino
era la encrucijada a seguir hacia otros puntos del estado y del país. El camino
comenzaba en la salida hacia El rincón, seguía al páramo El Motor, El Molino,
Betania, páramo Los Aserruchos, Las Coloradas, luego se descendía al
Blanquiscal, San Isidro, La Culebra, Vegas de Mejías y en tres horas se
conectaba a Santa Cruz de Mora. Trazado y construido sobre riscos, abismos,
curvas cortas y sobre inmensas rocas debido a la inexistencia de la dinamita,
con subidas y bajadas inclinadas, con lodos o fangos, donde muchas veces
bestias y arrieros se los tragaba el abismo, convirtiéndose en el día a día de
aquellos arrieros de mulas canagüenses y molineros, con posadas en la larga
travesía en el sector Betania y en Los Blanquiscales donde “Mano Goyo” también
existían otros sitios determinados para revisar la carga, el descanso y de consumir
el avío, cerca del páramo El Motor se han encontrado algunas botellas de
licores de fecha 1795 y algunas de maltas de las décadas de 1930 y 1940,
recuerdos de merecidos refrigerios y de tragos calmantes de muchas penas, eran
jornadas terribles y de un inmenso agotamiento físico para las bestias y los
arrieros.
Existía un camino que salía
desde Canaguá a orillas del río al caserío La Tendida, quebrada de Las Niguas,
Mucuchachí, La Ensillada, se seguía vega arriba hasta llegar a la población de
Mucutuy, se pernoctaba en una posada en La Veguilla, luego al páramo de San
José, se seguía hasta al pueblo de San José de Acequias, se descendía a Tierra Negra,
cuesta de Pilato, Las Gonzáles, encontrando vías establecidas a Ejido y Mérida,
de Mucuchachí había otro antiguo camino que conducía al llano Barinés. El
coronel Eugenio Mora Molina le cambió el trazo a este camino y construyó uno
nuevo sobre abismos e inmensas rocas, saliendo de Canaguá al sector La Laja, El
Arenal, la parte intermedia de La Tendida, hasta llegar a la población de
Mucuchachí.
El caserío Guaimaral no se escapó de estas cicatrices camineras en
la serranía y Eugenio Mora Molina también trazó el progreso del entonces en
cooperación con sus compadres Don Hermes Corti y Amable Mora, saliendo de
Canaguá a la Vega Burguereña, por el pie del sector Las Mesas hoy El Valle,
siguiendo las cercanías del río hasta llegar a la entrada de la vía que conduce
al Pulpito, luego cruzaba el río en un lugar donde Don Nicolás Molina Vega
construyó un puente de madera que se llamaba “el puente real” de allí seguía el
camino al sector Los Helechales, Callejón Sordo, El Paramito, La Cuesta, Mesa
de Santos, El 18 y luego al Viento donde nacían otros caminos a los diversos
caseríos de la parroquia, estos caminos eran vigilados por las ponzoñosas
mapanares del tipo botrópos.
Para la construcción de
estos caminos el coronel Eugenio Mora Molina quien era la autoridad
representada del gobierno, convocaba convites en comuna, pero para que hubiese
más eficacia en el avance de estas obras enviaba las citaciones a algunos
jóvenes y quienes no acudían a la misma eran multados. Los presos al salir de
los calabozos no podían tampoco escapar de ir a estas jornadas, todas estas
vías en gran parte de sus recorridos eran casi del tamaño de una carretera para
facilitar el encuentro de filas de mulas y bueyes cargados y evitar los roses
cuerpo a cuerpo entre los mismos, por lo que estos caminos constituyeron el
progreso de aquella actualidad sur merideña. Por estos lugares de huellas y
caminos, queda un recuerdo con un sentimiento de arrieros, bestias y cargas
donde se puede hasta percibir una inspiración de relinchos cansados,
respiración acelerada de arrieros y bestias con olor a berrenchín y a cagajón.
En el año 1950 el
Gobernador del Estado Mérida, Ramón López Mora creó el proyecto de llevar desde
Santa Cruz de Mora a Canaguá una carretera, pero se construyeron muy pocos
kilómetros desde la salida de Santa Cruz, además el Padre Adonai Mora hijo de
estas tierras ya había hecho la propuesta de esta carretera, pero en la visión
de la gente era algo que se catalogaba como imposible. Fue para el año de 1953 cuando llegó a Canaguá
un párroco con visiones progresistas el Pbro. José Eustorgio Rivas y es en la
celebración de la misa de noche buena de aquel 24 de diciembre de 1953 el
párroco motiva a la gente para la construcción de semejante hazaña por lo que
fue tomado después de la misa por burlas y risas.
Después de muchas asambleas y convocatorias las risas y las burlas
se transforman en ánimo y convicciones positivas y para aquel 27 de febrero de
1954 el Padre José Eustorgio Rivas convocó a estos hombres guerreros de vidas
legendarias a construir y tallar una nueva historia que los conduciría a un
nuevo horizonte de progreso, sobre las calzadas levantadas en los mismos
caminos de la herradura y es en el sector El Guayabal de Santa Cruz que les
esperó, por lo que la mayoría no llegaron, pero poco a poco se fue sumando “las
manos a la obra” de Canagüenses, Molineros, Guaimareleros, Capureños y
Chacantenses, acompañados por el pico, la pala, el pollero del avió, la energía
del chimó, el miche, el guarapo fuerte y la panela, con un valor de voluntad
acompañado de la bendición del Arquitecto Perfecto y empezó a construirse un
nuevo sendero donde tuvieron que vencer una infinidad de óbices como
desfiladeros, rocas inmensas y abismos para el avance de estos caballos de
carrocería, hubo que construir muros de
madera y cuñas rellenos de tierra y piedras. El párroco compró el 26 de febrero
un jeep willys color rojo en 6.000 Bs, luego Don Clodomiro Méndez otro jeep
willys de color verde oscuro, el uno fue conducido por el párroco y el otro
por Don Abdón Carrero. Estos invencibles hombres avanzaban con sus laboriosas
herramientas y los jeep que casi les pisaban los talones con sus parachoques
mientras mordían el terreno con sus picos y palas, los cuales avanzaron empujados y en algunos pasos con cadenas en los neumáticos con otros sirvientes
para este fin, los que no podían trabajar daban ánimo con sus chistes,
griterías y alegría, a esto se sumó el ronquido de los motores,
convirtiéndose en una indetenible mecha a lo largo de una hermosa serranía y es
para el 1ro de marzo que los jeep llegaron a la población de El Molino.
En esta hazaña inmortal dejaron su sudor y su huella una
interminable lista de destacados hombres, por lo que quedo en deuda y pena no
poderles dar nombradía a todos, pero lo hago con la mejor forma de honrar
aquella, que es del alma, desde el más mínimo detalle que se me escapa, los más
nombrados a través de los relatos históricos son: Cirilo García, Braulio Durán,
Venancio Roa, Edén García Contreras, Nicolás Molina Vega, Rafael Rivas Molina,
Ramón Camacho, Maximino Molina, Hermeregildo Molina, José Ramón Mora, Baldomero
García, Gumersindo García, Delfín García, Efraín Durán, Epimenio García,
Avelino García Molina, Aniceto Hernández, Pablo Hernández, Felipe García,
Benito Mora, Modesto Mora, Isidro Mora, Corcino Mora, Luis María Pérez, Agustín
Ramírez, Enrique Dugarte, Francisco Márquez, Domingo Barillas, Isidro Molina
Vega, Jesús Antonio “Nazareno” Mora, Corcino Mora (Villa), Fidel Mora Molina,
Pedro García, Pedro Camacho, Pedro García, Altagracia Mora, Adelmo Rodríguez y
Pedro María Molina, entre otros, en si un total aproximado de unos 200 hombres
en el trayecto de la obra y allí se sumaba el apoyo de sus esposas y otras mujeres que preparaban el abastecimiento alimenticio para la obra y que Dios les premie con infinita gloria.
Una vez lograda la meta en El Molino, la hazaña avanzó hasta el
caserío La Quebrada y allí se hace una necesidad optar por la cuesta de El
Barro más corto pero más difícil y hacia Las Mesas más largo pero más fácil y
se determina entonces por este último, ya por estas tierras próximas a Canaguá
se empieza alegrar la montaña y aquel histórico día domingo 14 de marzo de
1954, este abandonado rinconcito en el corazón del sur merideño se vistió de
gala con honor memorable, calles adornadas, pancartas alusivas, salió la gente
del último rincón y caserío con los nervios de punta, quema de pólvora,
griterías, emoción, aplausos, júbilo y sobre todo un asombro infinito de los
espectadores, la Srta. Nelly Corti dio las más sinceras, profundas y tiernas
palabras de bienvenida, se hizo un desfile por la calle Bolívar cruzando a la
llamada calle de atrás para llegar y estacionar en la casa parroquial,
inmediatamente la misa de acción de gracias presidida por aquel gigante
sacerdote de progreso que dividió la historia en el antes y después en aquel
loable 14 de marzo de 1954, dejando un registro impreso por estos jeeps y
héroes en nuestros corazones.
El sueño no terminó aquí en este lugar, meses después se siguieron haciendo ampliaciones de mejoramientos a la naciente carretera. Los
Chacantenses se sumaron a esa batalla de las carreteras y en convites laboriosos
con Canagüenses, se empezó a construir una carreta desde Canaguá hasta Chacantá, siguiendo el caserío de La Laguna
hasta remontar la Loma de la Caña y descender a ese hermoso paraje andino, un
febrero del año 1962, en la historia de esa hazaña el primer chofer de la
cruzada fue Don Héctor Molina Díaz joven Canaguense hijo de Don Samuel Molina y
Doña Crescencia Díaz.
En Mucuchachí con la
llegada del Párroco Crescencio Parra nació el proyecto de llevar una carretera
desde Canaguá hasta Mucuchchí por lo que se realizó cierta cooperación con el
sucesor del padre José Eustorgio Rivas En Canaguá, en este caso el Pbro.
Boanerges Uscategui, por lo que se unieron los Canagüenses y
Mucuchachicenses, el Párroco de Mucuchachí ya había comprado un jeep,
empiezó el trabajo en su mayoría en arriesgados tramos al conducir, el nuevo
Párroco de Canaguá a medida que avanzaba la carretera designó los choferes: desde
Canaguá - La Tendida: Pepe Corti, La tendida - El Bejuco: Benjamín Molina, El
Bejuco – El Naranjo: el Padre Boanerges Uscategui y luego hasta Mucuchachí
logrando esa victoria el día 24 de febrero de 1960 pero ya se encontraban los primeros autos en Mucuchachí
provenientes por otra vía.
Pasaron unos pocos años de la conquista de los pueblos a través de
las carreteras y es cuando llegó del Padre Hermógenes Yebra de origen
español, nació el proyecto de llevar la carretera hasta Guaimaral, esto en los
últimos años de la década de 1960, sumándose a este emprendimiento los paisanos
de Guaimaral Marcial Méndez, Rómulo Mora, Raúl Guerrero y Albino Mora, saliendo
de Canaguá al Río Arriba, El Paramito y luego hasta El Cañadón donde esa naciente hazaña fracasó. Ya no ese un sacerdote quien hizo renacer este nuevo
proyecto carretero hasta el pueblito de El Viento, esta vez le correspondió a un
magnifico maestro Canagüense que para ese entonces ejercía como docente en
Guaimaral, el Maestro Héctor Mora, por lo que motivó y reunió a la gran mayoría
de los habitantes de Guiamaral, le compraon un jeep a Don Miguel Contreras en
Canaguá este jeep lo llamaron “El Cazador” y se lo donaron a la comunidad, se
comienzó una nueva talla en la montaña partiendo del Paramito, a La Vega, El 18
y de allí al Viento conquistándose la victoria el 20 de marzo de
1969.
Una vez
culminadas estas obras espectaculares de las carreteras Canaguá se conviertió en
la encrucijada de los pueblos del sur y de diversos caseríos, quedando en el
olvido y sepultados por el recuerdo los caminos de Don Eugenio Mora Molina, con
el avance del tiempo ya son los gobiernos los que empezaron a asumir las
ampliaciones de estas carreteras, es para fines de la década de 1950 cuando se
realizó algunas modificaciones y ampliaciones a la carretera desde Santa Cruz
de Mora hasta Canaguá por máquinas de oruga. Una vez que llegó a Canaguá como
Párroco el Pbro. Hermógenes Yebra, observó que, desde Las Coloradas hasta Santa
Cruz de Mora, esta carretera no era rentable por las inmensas fallas de borde,
eso es a principios de la década de 1970, entonces el párroco de turno realizó una inspección desde el páramo Las Coloradas hasta Estanques, en Compañía de
Rafael Rivas Molina, Avenildo Sosa “El Negro” y José Escalona pernoctando por
las noches en algunas casas, llegaron a Estanques casi desnudos pues las
condiciones de la sierra le destrozaron la ropa y el calzado. De esa inspección se creó un proyecto que se llevó a Caracas donde le dan visto bueno
y se aprobó, se construyó con máquinas de oruga una nueva carretera de
Estanques a Las Coloradas conectándose con la antigua carretera en aquel lugar,
el primer conductor en cruzar esta nueva arteria vial fue Don Rafael Rivas
Molina con una camioneta del tipo stación vagón de la Toyota. En los años
sucesivos se realizó el asfaltado de la carretera desde Estanques hasta el
páramo El Motor, a principios de la década de 1990 llegó el asfaltado desde El
Parque El Motor al pueblo de Canaguá y de aquí se extiende a los vecinos
pueblos del sur.
Los primeros veteranos en transportar pasajeros desde Canaguá hasta
Santa Cruz de Mora fueron Alejandro Fernández, Onofre Márquez y Salvador Márquez,
en vehículos willys del tipo chasis largos, allí esperaban una ruta que los
conducían a la ciudad de Mérida. Años más tarde Rafael Rivas Molina organiza y registra
una línea de transporte con carros Toyota de tipo chasis largos también, esta
línea estaba integrada por los choferes Eligio Zambrano, Luis Parra, Joaquín
Mora, Jaime Mora y Eustorgio García, esa vez empezaron cubrir una nueva ruta Canaguá
– Mérida, el pasaje quedó establecido en 12 Bs por persona, la primera buseata
de pasajeros que llegó a Canaguá fue conducida por Eligio Zambrano además fue de su propiedad.
Durante los mandatos de estos gobiernos nació las recordadas obras
públicas, integradas por hombres de espíritu trabajador y de servicio esmerado
en beneficio de la comunidad y eran los encargados de mantener la vía y el
funcionamientos de las carreteras y caminos sureños, remunerados por el
gobierno regional: Francisco
Cerrada, Samuel Márquez Guerrero, Valentín Rivas, Jesús Zambrano Newman,
Claudio Rondón, Claudio Durán, Isidoro Duran, Marcial Mora, Raúl Ramírez,
Nicolás Ramírez, Jesús García, Acacio García, Eloy García, Ismael Durán, Antonio
Molina, Bruno Araque, Jesús Quintero, Arístides Contreras, Joaquín García,
Felicito Mora, Francisco “Pacho” Mora, Luis García, Mario Chacón, Israel Díaz,
Horacio Carrero, Adelmo Rodríguez, Marcelino Fernández, Prospero Mora y Evangelista García. Entre otros.
El primer fallecido en un accidente de transito entre Canagua y Santa Cruz
de Mora fue Enrique Dugarte, el dia 11 de agosto de 1958, en el sector Las
Mesas.
Por Willian G.M
Del libro: “En el corazón de Canaguá”.